El precio de la luz
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El precio de la luz


A pesar de ser un bien básico, en los últimos años hemos visto como la factura no sólo ha subido, sino que se ha inflado con conceptos como incentivos a las energías renovables, anualidad del déficit, impuestos y más impuestos y costes regulados.
En Clave Económica nos hemos propuesto comprender esta factura, analizar el por qué de las múltiples protestas de las asociaciones de consumidores, y analizar el autoconsumo; ¿es realmente el futuro?

Para muchas familias y empresas la llegada de la factura de la luz es un calvario. Las constantes quejas de las asociaciones de consumidores por las subidas suelen coincidir con los políticos anunciando importantes bajadas, aunque a la hora de la verdad sólo hay que comparar facturas para ver cuál de esos anuncios es verdad.

En la factura influyen muchas variantes, tantas, que para cualquier persona es un lío entender qué parte es la que paga por el consumo y qué parte es la que impone el gobierno, la destinada al pago de la deuda con las energías renovables, el transporte de la energía...
Empezando tal y como nos figura en una factura, el primer concepto es la potencia contratada. Básicamente, este concepto es la potencia en Kilowatios contratada en la vivienda o en la empresa multiplicada por los días que tiene el mes. Este apartado está regulado por el gobierno, y es el peaje o lo que pagamos por el uso de la red eléctrica. Además, las compañías añaden el "margen de comercialización fijo", que corresponde al margen de beneficio de la comercializadora por realizar todo el proceso de compra de energía.

En la facturación por energía consumida es donde se refleja, realmente, la electricidad que hemos consumido a lo largo del tiempo de la factura. Aquí se reflejan los kilowatios consumidos además del coste de la energía. Como ya sabemos, en parte gracias a los medios de comunicación, la energía tiene un coste diferenciado según las horas del día, pues bien, en la factura no se refleja cuánto nos ha costado la luz en cada momento, sólo figura su coste final. Además, volvemos a ver dos conceptos, uno por los kilowatios consumidos en concepto de peaje, es decir, lo que ha costado que nos llegue esa electricidad que hemos consumido, y por otro lado, el coste de la energía en sí que hemos consumido.

Teniendo esto en cuenta, en las facturas se refleja que pagamos tanto por la potencia como por la electricidad consumida por partida doble, por peajes y por su uso. A pesar de que aún nos quedan conceptos por analizar de la factura, ya está explicada lo que tiene que ver en el consumo. Ahora nos adentramos en otros conceptos que no son propios del consumo.

Primeros nos encontramos con un impuesto de electricidad, que sobre el producto de la facturación de la electricidad suministrada, o lo que es lo mismo, aplica un porcentaje a la factura de consumo que ya llevamos. El tipo de este impuesto está al 5,11 por ciento.
Además, las empresas de suministro eléctrico incluyen el alquiler de los equipos de medida y control de la electricidad. En el caso de Endesa, la empresa que controla gran parte de la zona norte de Málaga, el coste medio es de 1,65 euros cada dos meses.
Para finalizar con el análisis de la factura, la electricidad, a pesar de ser un bien necesario, está gravada con el 21 por ciento de IVA; no tiene ningún tipo de reducción en el impuesto, por lo que más de una quinta parte de la factura va íntegra para el gobierno, incluyendo el 21 por ciento del propio impuesto de electricidad, ya que para el cálculo del IVA no se excluye ese concepto, con lo que se paga IVA del impuesto.

Hay que tener en cuenta que cuando escuchamos o leemos que estamos pagando la deuda a las eléctricas o los incentivos a las energías renovables, esos conceptos están dentro de los peajes, por lo que lo estamos pagando pero en los detalles de la factura no se refleja. Sí que, por el contrario, figura en un gráfico denominado "destino del importe de la factura".
Sabiendo ya qué es lo que pagamos y dónde se encuentra incluido en nuestra factura, hay que tener en cuenta el tipo de tarifa a la que nos acogemos para saber si es la más adecuada a nuestro consumo.
La mayoría de los hogares y pequeñas empresas tienen contratado el Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), que es la tarifa regulada por el Gobierno y que antes se denominaba TUR.
Hay otras tarifas, como es un precio fijo durante 12 meses, o la comercializadora de mercado libre, que pueden contratarse llegando a un acuerdo entre usuario y distribuidora.

El precio de la luz es una constante en las protestas de los usuarios. Las continuas subidas en las facturas se han unido a la crisis económica y a la falta de empleo, lo que ha llevado a muchas familias a tener que limitar al máximo su consumo eléctrico. En los últimos años ha nacido un nuevo término, pobreza energética, con el que se denomina a aquellos que no pueden hacer frente a la factura de la luz, por lo que no pueden mantener calientes sus viviendas en invierno.

Con los datos en la mano, FACUA denuncia que en los últimos 10 años el recibo de la luz ha subido un 76 por ciento para el usuario medio, con lo que, de media en el último año ha pagado 400 euros más que en 2005. FACUA, además, responsabiliza de esta subida a " las políticas energéticas de los sucesivos gobiernos, plegadas a los intereses de las grandes eléctricas".

Según ha anunciado FACUA, el usuario medio acogido al PVPC ha pagado entre agosto de 2014 y julio de 2015 una media de 77,43 euros por factura, o lo que es lo mismo, 929,15 euros en ese periodo. Sin embargo, en 2004, con la tarifa aprobada por el gobierno, el coste anual ascendía a 529,32, o lo que es lo mismo, 44,11 euros al mes. Estas cifras se han obtenido a partir de la media realizada por FACUA, en la que se han establecido 366 kilowatios mensuales con una potencia contratada de 4,4 kilowatios por hora.

La bajada del recibo de la luz anunciada por el ministro Soria no sería real, ya que con las tarifas actuales, del pasado julio, el usuario medio paga 81,18 euros mensuales, por encima de los 73,99 euros de julio de 2011.Cuando Aznar llegó por primera vez al poder, en mayo de 1996, el recibo medio estaba en 52,06 euros mensuales. Al finalizar la legislatura, en abril de 2000, se situaba en 44,63 euros. Cuando dejó el Gobierno, en abril de 2004, la luz suponía 44,11 euros mensuales. Sin embargo, FACUA señala que la bajada tarifaria no fue más que "una fórmula populista para hacer creer que su modelo de liberalización estaba trayendo consecuencias positivas para los usuarios". Los dos primeros gobiernos del PP establecieron un sistema por el que las tarifas debían fijarse en función de las decisiones que adoptasen las grandes eléctricas en el mercado mayorista de la electricidad. Pero, según FACUA, mediante una "estrategia de maquillaje", decidieron contener las subidas "dictadas por el oligopolio eléctrico aplicando tarifas por debajo de lo que determinaba el mercado". Con ello, se comenzó a generar una deuda, conocida como déficit de tarifa, que tendría que ser compensada posteriormente con importantes incrementos en las tarifas.

Los gobiernos del PSOE no modificaron sustancialmente el modelo de liberalización emprendido por el PP, sino que le aplicaron meros retoques, como la fórmula de fijación de tarifas mediante subasta o la imposición de la facturación mensual pese a que la lectura de los contadores seguía siendo bimestral.

Cuando Zapatero logró la presidencia del Gobierno, en abril de 2004, la factura del usuario medio estaba en 44,11 euros mensuales, y al finalizar su primera legislatura, en abril de 2008, se situaba ya en 50,20 euros. Al terminar su segundo periodo de Gobierno, en diciembre de 2011, el recibo alcanzaba los 78,64 euros mensuales (los usuarios pagaron ese mes 73,99 euros, pero posteriormente una sentencia del Supremo determinó que el Ejecutivo había vulnerado durante varios meses la legislación del sector al frenar las subidas dictadas por el mercado y obligó a pagar las diferencias).

Casi trascurridos los cuatro años de la legislatura de Rajoy, con las tarifas del pasado julio, la factura del usuario medio está en 81,18 euros mensuales.

En julio de 2015, el precio del kilowatios de potencia contratada es un 150,1 por ciento más caro que el vigente durante 2005. Ha pasado de 1,78 euros (1,46 más el 21,93 por ciento de impuestos indirectos) a 4,46 euros (3,50 más el 27,19 por ciento de impuestos indirectos).
En lo que se refiere al precio de la energía consumida, ha subido un 66,2 por ciento en una década. En 2005, el kilowatio hora estaba en 10,12 céntimos (8,30 más impuestos) y este julio suponía 16,82 céntimos por kilowatio hora (13,23 más impuestos).

Teniendo en cuenta lo que pagamos por el suministro eléctrico y la evolución que ha tenido en los últimos años, la situación no es para nada positiva de cara al futuro. Llegados a este punto nos podemos llegar a plantear si es posible un autoconsumo, y eso mismo ha pensado el gobierno, ya que tiene en marcha un real decreto para regular la conexión a la red de instalaciones de producción de energía eléctrica de pequeña potencia y establece la obligación de regular el suministro producido en el interior de la red de un consumidor para su propio consumo. Para controlarlo, pondrá en marcha un Registro.

En concreto, la ley establece la obligación de las instalaciones de autoconsumo de contribuir a la financiación de los costes y servicios del sistema en la misma cuantía que el resto de los consumidores. Los puntos en los que se basa este decreto son el pago de los peajes, ya que los usuarios que opten por el autoconsumo y usen la red eléctrica deberán hacer frente a un peaje más elevado; los que usen la red como respaldo a su autoconsumo; y el uso de las baterías, que se considerarán autoconsumo si se recargan a través de esta vía, pero se tratarán como cualquier otro electrodoméstico si se usa la propia red eléctrica para recargarlas.

En Clave Económica nos hemos puesto en contacto con Mario de la Torre, gerente de Antikaria Solar, para que nos explicase diversos puntos de la normativa sobre las placas solares y su aplicación en la actualidad.

Sobre el coste de una instalación de placas solares, de la Torre destaca que en caso de ser una finca pequeña pueden estar entre los 1.000 y los 2.000 euros, mientras que para una vivienda oscila entre los 3.000 y los 8.000 euros, "dependiendo de los electrodomésticos que quiera introducir el cliente", aunque destaca que también es importante que el usuario aprenda a usar la instalación de manera eficiente. También apuesta por el cambio del termo eléctrico al de placas solares térmicas, ya que "almacena su energía de la manera menos contaminante y podemos reducir el contrato de potencia eléctrica". El mantenimiento de los equipos también depende del sistema instalado, pero con las revisiones cada dos años de la térmica no suele haber problemas. En cuanto a la fotovoltaica, "dependerá del uso que se le dé", aunque destaca que las placas suelen durar más de 20 años.

En cuanto a los contratos de este tipo de instalaciones, de la Torre destaca que en los últimos años en los de tipo térmica ha ascendido, "ya que las tecnologías están bastante maduras y tienen un bajo coste de mantenimiento. En las instalaciones fotovoltaicas "ha penalizado bastante la indefinición por parte del Gobierno, que claramente sólo busca favorecer a las compañías eléctricas". Además, apostilla que "lo realmente penoso es qe en otros países se está instalando mucho, como en Alemania, lo que los está llevando a desarrollar la tecnología que en el futuro tendremos que comprar aquí, penalizando así doblemente nuestra economía".

Teniendo en cuenta todo esto, ¿es realmente más rentable instalar placas solares que depender de las empresas eléctricas? Según de la Torre, no es tan sencillo, ya que hay que hacer un estudio caso a caso; "recordemos que los recursos que se utilizan para producir energía son de todos". Las contraprestaciones de contar con la red para respaldo, apunta, podrían ser la de la cesión de la energía sobrante en los meses estivales, ya que ese servicio debe valorarse y pagarse, pero está completamente en contra del cobro por panel instalado; "sería como cobrar por el viento a los molinos o como querernos cobrar por secar la ropa en un tendedero, y espero no estar dando ideas".

Como hemos visto, la energía es un quebradero de cabeza necesario, y aunque podemos decir que tenemos uno de los países con el mejor clima para el aprovechamiento de las instalaciones solares, parece que si esos planes del Gobierno siguen adelante, las únicas posibilidades de ahorro serán o la desconexión total del suministro, o apagando la luz hasta cuando estemos dentro de la habitación.

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