Despoblación: una preocupación que no desaparece en la Comarca de Antequera
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Despoblación: una preocupación que no desaparece en la Comarca de Antequera

La mitad de los municipios españoles se encuentran ya en riesgo de extinción. Esta fue la principal, y contundente, conclusión que expuso el último informe sobre demografía elaborado por la Comisión de Despoblación de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). El documento alerta de la “sangría poblacional” que están sufriendo varios puntos del territorio nacional, a pesar del incremento general de quienes habitan en el país; entre ellos, varios de la comarca de Antequera, con localidades que han perdido más de una décima parte de su población la última década.

De los 8.125 municipios hay en todo el territorio nacional, cerca de 5.000 cuentan con menos de un millar de residentes. En la Comarca de Antequera - incluidas las zonas de Guadalteba y Nororiental de Málaga (Nororma) encontramos dos poblaciones esta característica: Serrato, donde su medio millar de habitantes se disgregaron oficialmente de Ronda a finales de 2014, y Carratraca, que está en el entorno de los 750. 

Precisamente, en esta última localidad, que limita al sur con el Valle del Guadalhorce, es donde más se ha notado la pérdida de población en la última década, según las últimas cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Apenas han sido unos 170 habitantes, pero significan más de 18,6 por ciento de su población. Fue precisamente en 2008 cuando este municipio alcanzó su mayor pico de empadronados: un total de 923. Desde entonces la pérdida de residentes ha sido continua, con momentos de cerca de medio centenar en un solo año, en plena segunda recesión económica.

La crisis, clave 

Y es que, mucho ha tenido que ver la evolución de la economía en los últimos quince años en las idas y venidas de la población rural. Los años de bonanza contribuyeron a su expansión. La mayoría de municipios fueron aumentando su población de forma notable hasta los años 2008 y 2009, momento a partir del cual comienza a ralentizarse o incluso a caer. Además de Carratraca, este también es el caso de municipios como Almargen, Archidona, Cuevas de San Marcos o Villanueva de Algaidas, que vieron como justo hace diez años alcanzaban el cénit de su población.

En la cabecera de Nororma, Archidona, se acercaba a los 9.000 habitantes tras haber sumado más de 600 en los cinco años anteriores, pero más destacable aún fue lo que pasó en Villanueva de Algaidas, que vio como al final de los ejercicios de apogeo económico su población llegó a crecer casi un 10 por ciento, superando los 4.600 residentes. Tanto en un caso como en el otro, en la actualidad el número de empadronados vuelve a ser prácticamente como antes de ese notable crecimiento.

En otras localidades de la Comarca, el padrón más elevado se fue alcanzando en los años inmediatamente siguientes. Desde poblaciones como Villanueva de Tapia, donde ha ocurrido justo lo contrario a los casos expuestos antes ya que pasaron de 1.675 habitantes en 2010 a caer por debajo de los 1.530, un centenar menos que incluso 15 años antes; hasta Alameda, que en 2012 superó la barrera de los 5.500 residentes y venía de crecer más de un 8 por ciento en los años de bonanza, y que desde que se inicio la crisis no se ha dejado ni medio centenar de habitantes. 

Caso al margen es el de Antequera. Pero no por el hecho de llegar al pico más alto de población en 2010, en pleno inicio de la crisis -y coincidiendo con la celebración del sexto centenario de la conquista de la ciudad por parte del infante don Fernando de Castilla-, sino porque justo al año siguiente el número oficial de habitantes se reduce en cerca de 3.500 motivado fundamentalmente por la disgregación de Villanueva de la Concepción. 

Dejando a un lado dicha separación, la caída en el número de empadronados en una década en la cabecera apenas es reseñable, incluso en 2017 se comenzó a remontar y al comienzo de este año se han vuelto a superar los 42.000 habitantes.  

De hecho, las localidades de su entorno, son las que mejor están capeando el fenómeno de la despoblación en el interior de la provincia. Ya sea Alameda o municipios como Casabermeja, Fuente de Piedra o Mollina apenas han resentido este descenso poblacional en la última década. E incluso Humilladero se ha convertido de los pocos municipios de interior que ha visto incrementado su número de habitantes durante toda esta crisis: 77, casi un 2,4 por ciento.

En total, sumadas todas localidades del entorno de Antequera, desde el comienzo de la crisis económica -y se produjo ese punto de inflexión-, la pérdida no llega a las 800 personas según las cifras del INE; es decir, tan sólo un 1,2 por cierto. 

Guadalteba, la más perjudicada 

La excepción a esta fluctuación de la población influida por la bonanza y la posterior crisis económica la encontramos en dos localidades de la zona de Guadalteba. No sólo vienen perdiendo población en los diez últimos años, sino a lo largo de las dos últimas décadas: Ardales y Cañete La Real. En la segunda, su población ha pasado de superar los 2.200 habitantes a no llegar a los 1.700, lo que supone un descenso de más del 26 por ciento, el mayor registrado en las poblaciones del norte de la provincia de Málaga. El caso de Ardales también llama la atención dado que, aunque desde 2008 'sólo' ha perdido entorno a un 6,5 por ciento de su población, si se toma como partida mediados de los años 90 el porcentaje crece por encima del 17 por ciento: de superar los 3.000 habitantes a no llegar a ahora a 2.500. 

pasarela caminito rey

A pesar de que la 'sangría' se ha mitigado en los últimos años, la preocupación en este municipio es evidente. “La despoblación va ir cada vez a más”, alerta la alcaldesa de Ardales, María del Mar González, que ve en la inversión en el turismo de interior y de los visitantes que optan por disfrutar de la naturaleza, una tabla de salvación. La regidora sabe que la reapertura del Caminito del Rey “ha abierto un horizonte que se puede aprovechar para fijar población”. Sin embargo, también es muy consciente de que para relanzar la economía de la zona generando empleo, no sólo basta con la promoción que se está haciendo de este sendero, ubicado en el paraje de El Chorro. Por ello, insiste también en el necesario impulso de la iniciativa privada y de que, por tanto, se ayude a los emprendedores. “Sería genial para la gente joven, que normalmente se van del municipio cuando acaban sus estudios”, recuerda. 

De toda la zona norte de la provincia, Gudalteba es la que más está notando el descenso de población en los últimos años, menguando en torno a los 1.600 habitantes en una década; esto es, más de un 6 por ciento. En municipios como Cuevas del Becerro la caída es continua en lo que va de siglo, pasando de rondar los 2.000 habitantes a apenas superar los 1.600. Teba se ha dejado alrededor de uno 10 por ciento en la última década y en Almargen rondan el 7 por ciento. 

La única excepción es Campillos, que arroja un balance favorable a lo largo de la crisis, en parte gracias al espectacular incremento en casi un millar de habitantes en la primera década del siglo XXI, llegando a su cénit en 2011 con más de 8.700 vecinos (en la actualidad sigue superando los 8.500). 

Con los datos en la mano, es lógico la preocupación de responsables municipales como la alcaldesa de Ardales, quien reconoce que ha hablado últimamente de este asunto con regidores de otros puntos de la provincia, como la Axarquía, donde también se está notando la despoblación, al igual que en la Serranía de Ronda. 

A tenor de las cifras del INE, la despoblación en los municipios de la comarca nororiental, no es tan acuciante como en el Guadalteba, pero sí preocupa especialmente que los jóvenes que acaban sus estudios superiores, sólo tengan la cabeza en salir de sus localidades natales o quedarse en la capital de la provincia como, por ejemplo, los que han estudiado allí. “Hay que motivarles de alguna forma para que ellos vean que prosperar no es sólo tener que salir de sus pueblos”, apunta Mercedes Montero, alcaldesa de Archidona y presidenta de la Asociación de Desarrollo Rural (ADR) Nororma. 

Facilidades a la juventud

Esta entidad está trabajando en la puesta en marcha de un órgano donde los jóvenes “se sientan protagonistas” del desarrollo socieconómico de su entorno. Será una red comarcal en la que pueda expresar demandas, inquietudes y pretensiones emprendedoras. “Si hay proyectos empresariales se crea empleo y va a hacer que la población se afiance”, incide Montero. 

Como ya apuntó Fernando Fernández, experto en Políticas Agrarias y Desarrollo Rural, en un artículo titulado “Los efectos de la etapa de crisis sobre la despoblación rural y el marco de la Ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural” (publicado en la web publico.es), lo que hace que las personas permanezcan en un entorno rural o decidan marcharse, depende de que sus perspectivas de vida estén garantizadas dentro de unos estándares básicos. “Estas perspectivas se traducen en las posibilidades de empleo, el acceso a la educación, la sanidad, la cultura, o la cobertura social en momentos de crisis”, recalcó. 

En este sentido, desde ADR Nororma, quieren que los jóvenes también tenga voz y que la asociación no sólo se vea como un espacio para la gestión de fondos europeos que contribuyan a dinamizar la economía de las zonas rurales, sino también como un órgano que ayude a afianzar la población. Cuanta más información se ofrezca a este colectivo, entiende Montero, más fácil será que piensen en hacer su vida en sus territorios. A ello, también considera que contribuye el esfuerzo que hace cada Ayuntamiento para potenciar la ayuda a los emprendedores. En el caso de su localidad, han querido incrementar la partida de 20.000 a 30.000 euros. 

“Problema sociopolítico de primer orden”

La salida de los jóvenes de los pequeños municipios no sólo supone la evidente pérdida de vecinos, sino que implica igualmente un paulatino envejecimiento de la población; que provoca a su vez que los que se marcharon no tengan ganas volver, a excepción de aquellos que buscan encarecidamente el contacto con la naturaleza y una vida más sencilla. Aún así, la mayoría prefiere otras opciones, dejando un panorama que el presidente de la Comisión de Despoblación de la FEMP, José Antonio Sánchez Quero ha calificado como “un problema sociopolítico de primer orden”. 

Para esta institución es evidente la necesidad de aplicar urgentes políticas de Estado ante este severo retroceso demográfico. De hecho, Sánchez Quero considera fundamental adoptar medidas concretas para sostener e incrementar la población de los pequeños y medianos municipios, “no solo por una cuestión de interés social sino también económico”. En concreto, apela a la coordinación de un plan nacional contra la despoblación entre Estado, Comunidades Autónomas y FEMP, que se elabore y desarrolle dando voz en Diputaciones y Ayuntamientos, a quienes lo padece. 

También desde Ardales apuntan a otro aspecto donde actuar las administraciones. “No tenemos las mismas oportunidades que los municipios más grandes”, se lamenta su alcaldesa, respecto a la hora de optar a subvenciones para la puesta en marcha de nuevos proyectos. Asegura que “tienes que luchar con los municipios grandes” y se ve en desigualdad de condiciones en varios aspectos. “No se nos puede medir con el mismo rasero”, recuerda.

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