“La arquitectura tiene que tener la capacidad de articular lo artístico, el diseño, con la técnica”
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“La arquitectura tiene que tener la capacidad de articular lo artístico, el diseño, con la técnica”

Que los sueños se hagan realidad cuesta. Manuel Campos Mira bien lo sabe. Un día soñó cómo realzar el yacimiento arqueológico de la Villa Romana de la Estación de su ciudad natal. De su cabeza, las ideas se plasmaron en planos y documentos que le valieron la superación de sus estudios de arquitectura. Ahora, después cinco años de espera y trabajo, llega la recompensa esperaba. Un hito en su corta carrera en la que espera seguir disfrutando de esta profesión y aportando a su tierra tanto como asegura que lo hace esta disciplina, tal y como nos contó en una charla que mantuvo con la Clave Económica. 

- Comenzamos por lo más actual: la concesión de la financiación a través del 1,5% Cultural para poder poner en valor la Villa Romana de la Estación. 

- Es una gran satisfacción que después de unos años de tanto esfuerzo por fin este proyecto, tan esperado, vaya a ver la luz. Destacar el impulso y apoyo constante a este proyecto por parte de Manuel Romero desde el Área de Patrimonio del Ayuntamiento. A nivel personal, es un orgullo que un proyecto que comenzó siendo mi Proyecto Fin de Carrera se acabe convirtiendo en una realidad. 

- ¿Qué valor hay que darle a estos restos arqueológicos?
- Los antequeranos debemos ser conscientes de lo que tenemos allí enterrado. Es parte de la riqueza patrimonial que tiene la ciudad y ha de recuperarse y exponer orgullosos ante todo visitante, ya que se trata de una gran Villa Romana con unas características inmejorables, de carácter semiurbano, dominando la vega y siendo en su día un núcleo referente de explotación agrícola y comercial. Estoy seguro de que va a ser un hito más que aporte al turismo local, un ejemplo de la Antikaria romana, y con la intervención que se propone, el visitante podrá entender perfectamente cómo era esta villa y sus termas. 

- La actuación de puesta en valor parte del proyecto desarrollado como fin de tus estudios de Arquitectura en la Universidad de Sevilla. ¿Es tal cual o hay algunos cambios respecto a la idea original? 

- El proyecto fin de carrera, del año 2010, sienta las bases de las actuaciones que se llevarán a cabo y que quedaron plasmadas en un proyecto profesional en el año 2013 que contó con el siempre complicado de conseguir "informe favorable" de la Junta de Andalucía, titular del yacimiento, ya que es Bien de Interés Cultural. El proyecto original contemplaba un centro de interpretación que no se va a construir, pero sí se van a ejecutar otras fases desarrolladas en el proyecto del año 2013 para la recuperación de restos arqueológicos y la instalación de unas cubiertas y pasarelas, todo al aire libre, tanto para proteger como para musealizar este espacio. 

- ¿Ese edificio podría ser una realidad en el futuro, si se contara con más financiación? 

- Se deja abierta esa posibilidad, ya que en la zona donde se hubiera ubicado esta edificación no se realizará ninguna intervención y tan sólo se va rellenar con terreno para poder hacer un sendero natural, como parte del recorrido. Dichos rellenos, que no dañan ningún resto arqueológico, se podrían retirar en un futuro y construir ese edificio que serviría como centro de recepción de visitantes, interpretación e incluso contaría con salas de trabajo para los arqueólogos. Sería un magnífico lugar para ubicar todas las esculturas y objetos encontrados en la villa, hoy expuestos en el Museo de la ciudad. Pero como digo, hoy día no se plantea ejecutarlo. 

- ¿Este proyecto es su principal reto profesional hasta el momento?
- En mi aún corta vida profesional he tenido la suerte de tener varios proyectos de cierto calibre, aunque cada proyecto al que me enfrento, aunque sea pequeño, lo considero un reto y le dedico el cariño y esfuerzo que merece hasta conseguir la satisfacción de un resultado de calidad. Sin embargo, desde el punto de vista emocional, sí es cierto que este proyecto significa mucho para mí ya que me ha acompañado desde que terminé la carrera y he luchado todos estos años por él.

- Yendo atrás en el tiempo, ¿cuándo comenzó su experiencia profesional?
- Comenzó en 2009, donde estuve un año en Madrid y tuve la suerte de colaborar con el prestigioso estudio de arquitectura Nieto Sobejano Arquitectos, aún sin haber acabado la carrera. En 2010, tan sólo una semana después de aprobar el Proyecto Fin de Carrera, decidí empezar a trabajar en el estudio de mi padre, Manuel Campos Alcalá, y a aprender de él como referente y maestro, con la amplia experiencia que atesora. Desde entonces, hemos formado un equipo de trabajo donde se aúna dicha experiencia de mi padre, con más de tres décadas en el sector; con el uso de nuevas tecnologías, nuevos materiales y nuevas ideas que puedo aportar yo. Creo que hacemos un buen tándem. 

- ¿Eres de los que jugaba con bloques y querías ser arquitecto desde pequeño?
- Desde pequeño, no (risas). Es verdad que, por mi padre, he estado siempre unido a este mundo, y por supuesto que jugaba con maquetas y maquinarias de construcción en el estudio, pero no me lo planteaba. En los veranos, ayudaba fotocopiando memorias, y cortando y doblando uno a uno los planos de los proyectos. No fue hasta el último año de bachillerato -estudiando en el Colegio La Salle Virlecha- cuando me di cuenta de que esta carrera me gustaba más de lo que pensaba. La vocación la tenía, pero no quería repetir la profesión de mi padre (risas). El verano antes de empezar a estudiar, estuve casi un mes en Nueva York y no dejaba de asombrarme con los edificios, por lo que corroboré que quería ser arquitecto. Una vez terminé los estudios, ocurre como en muchas otra profesiones: uno empieza a aprender cuando termina la carrera. Enfrentarse al mundo de la calle no te lo enseñan en ninguna facultad. Allí aprendes la teoría, pero luego llevarlos a la práctica es muy diferente. Por ejemplo: un detalle constructivo no es lo mismo estudiarlo que verlo en la obra y trabajar sobre él. 

- ¿La arquitectura está más cerca del mundo artístico o del técnico?
- Lo más bello de esta profesión es que está a caballo entre ambos: tienes que tener la capacidad de articular lo artístico, el diseño, con la técnica. Poder imaginar en tu cabeza un edificio que pueda ser visualmente atractivo, pero que a la vez sea funcional y por supuesto que se pueda construir, además de cumplir con todas la normativas urbanísticas, de habitabilidad, seguridad, etc. Si uno no piensa en todas estas cosas en el proceso de diseño, el resultado no va a ser el esperado, ya que por ejemplo la estructura y los pilares deben estar en su sitio, o las instalaciones debemos prevenir por dónde vamos a ocultarlas. 

- ¿Es más partidario de una arquitectura que tienda a lo artístico o a lo funcional?

Soy más partidario de la arquitectura funcional, ya que no tiene sentido hacer edificios que no funcionen o lo hagan mal, pero obviamente siempre cuidando hasta el último detalle en el diseño. Como ya he comentado, hay que saber unificar diseño y técnica, y estar al tanto de las últimas tendencias y a la vanguardia. Uno no se puede quedar en años pasados, porque las nuevas técnicas y nuestros propios modos de vida actual nos acaban definiendo cómo debe ser y funcionar el edificio. 

- ¿Cuáles son sus referentes profesionales en la actualidad?

El primer referente profesional es sin duda mi padre, Manuel Campos, del cual he aprendido y sigo aprendiendo día tras día en el trabajo. Aparte, me gustan mucho algunos arquitectos portugueses como Álvaro Siza Viera o Eduardo Souto de Moura porque hacen una arquitectura sencilla, limpia y funcional, y eso es lo más difícil de conseguir. Aunque resulte una paradoja, el diseño simple es lo más complicado. De los arquitectos modernos, me quedo con Ludwig Mies Van der Rohe, donde también buscaba esta filoso- fía mediante su famosa frase ‘less is more’ (menos es más). 

- En una ciudad como Antequera, ¿la arquitectura puede aportar más o debe centrarse en la conservación?
- En mi opinión, los arquitectos tenemos un deber con la sociedad que es mejorar la calidad de vida de las personas a través de nuestras obras. Por consiguiente, la arquitectura siempre debe aportar calidad, tanto en obra nueva como en restauraciones. En esta última sí tiene sentido la palabra conservación, pero siempre añadiendo nuevos valores al edificio a rehabilitar. 

-Si puede aportar, ¿en qué grado la arquitectura puede aportar a una ciudad para convertirse en un aliciente más o que se sume a los monumentos que ya existen? 

- Hay que tener en cuenta que el casco histórico de la ciudad de Antequera es un bien que debemos cualificar cada vez que tenemos una oportunidad de hacerlo. Al construir nuevos edificios, se ha de guardar una relación con la estética, pero teniendo en cuenta las nuevas formas de vida, diseño, así como sistemas constructivos y materiales. Por ejemplo, igual que ahora no se construye con muros de adobe sino con hormigón y ladrillo, tampoco tiene sentido colocar elementos como rejas ya que existen vidrios y persianas de seguridad. Es un error intentar crear pastiches como si la arquitectura no hubiera avanzado en el último siglo. Cuando hacemos un nuevo proyecto, no se pretende sumar un monumento, sino encajar el edificio en el contexto del conjunto urbano, genéricamente con discreción y sin grandes alardes, manteniendo las reglas de la arquitectura tradicional, pero adaptándola al siglo XXI. 

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